ELADIÓS DE LA LUCIÉRNAGA




Sólo ella sabía cuánto tiempo
se arrastró por la piedra
hasta que la mata le afilase
las alas fuertes.

Después todo cedió
a la simplicidad del sol.

La noche la expulsó a la órbita
del hombre
y ya no existían ni cuerpo
ni alas.

Solamente la luz entonces dijo
que existía nuestra vista.

Y mudos mirábamos largamente
cómo el insignificante gusano
se transformaba
en estrella.

Mateja Matevski. Luciérnagas. Del Zorrito, 2011

MÜNICH



Los patos de Baviera son más blancos,

sin aire los insectos.

Buscando el error de esta ciudad
distinguimos la mancha:
en el centro de Munich
un niño intenta nacer entre la gente
pero nadie lo ve.

Sobre una cama de hospital
su color, claudica.
También el de esos patos
que hace instantes
nadaban blancos en el parque.

En la laguna
un reflejo pecador
dicta el designio
de los recién venidos:
nacemos del desequilibrio
moriremos
equilibristas.

María Casiraghi. Décima Luna. Alción, 2011.










Historia de la blancura


Vi el salar desde el aire,
es como un velo
de muselina rosa;

lo pueblan
me dijeron
diminutos crustáceos carmesíes:

por eso
en el salar aprenden su color
los flamencos.


Y vi las parvas
al amor del tiempo

donde la sal
las lluvias la desnudan,
el sol la abrasa con su abrazo.


Rosa
última de las eras
del planeta
del agua
de la tierra
de lo amargo

la sal
no nació blanca
no nació suave

sino aprendió
en perderes.

Ramón Minieri. País de la Sal. Don Bosco, 2000.